Canción triste para un asteroide. Parte 1 ... El continuo traqueteo de la nave sobre un fondo silencioso e infinito había acabado por sumir a Ashley en una especie de trance, un estado en el que el familiar sonido de la Herald cruzando el cosmos la invitaba a la reflexión y a la calma. Pero justo ahora se producía un cambio en la intensidad de los propulsores que le sacó de su ensimismamiento. Estaban llegando a su destino. Mientras se incorporaba de la litera se dió cuenta de que aún sostenía en la mano el pad de información que había estado consultando durante todo el trayecto. Desplegado sobre la pantalla del dispositivo podía leerse con caracteres holográficos el enigmático mensaje que le había llevado a embarcarse en esta misión hacía ya dos semanas y muchas horas de investigación: “Conozco detalles sobre la muerte de Renik Miller que le interesarán. Adjunto las coordenadas y momento del encuentro. Acuda sola. Vandred.” El nombre de Renik Miller debería haber sido desconocido para ella, como para la inmensa mayoría del verso, pero la realidad era bien distinta … y eso le preocupaba. La primera vez que escuchó aquel nombre fue hace cuatro años, y desde entonces no había podido olvidarlo ¿cómo iba a hacerlo? fue el que desencadenó toda la serie de sucesos que le hicieron perder su primer empleo. Por aquel entonces tenía veintitrés años, estaba llena de energía y se encontraba al inicio de una prometedora carrera en un prestigioso medio de comunicación. Recordaba haber cubierto el reportaje de la muerte de Miller sin que hubiera absolutamente ninguna otra repercusión en los medios, ni siquiera en los del mismo sistema donde se produjo el incidente. Le resultó extraño que tras pagarse los gastos para documentar la noticia se le denegase expresamente publicarla bajo la premisa de carecer de interés mediático. Sí, Renik Miller parecía ser solo un contrabandista, y sí, continuamente acaecían desastres de mayor envergadura en toda la galaxia, ¿pero quién era ella para censurar esa información? Ese tipo de actos no fueron los que le habían llevado a estudiar su profesión, de modo que decidió colar por su cuenta y riesgo un pequeño apartado al informativo con aquella noticia. Si no hubiese cometido aquel imprudente acto probablemente seguiría conservando su puesto y sueldo. Pero afortunadamente para ella no fue así, ya que poco después de ser despedida recibió una oferta que no pudo rechazar. A decir verdad, en aquella situación había pocas ofertas que se hubiese permitido rechazar, pero no era eso de lo que se trataba, ya que de golpe y porrazo su trabajo se volvió más emocionante de lo que nunca había podido imaginar. Una organización de transparencia le ofreció la posibilidad de investigar los casos que algunos reconocidos medios informativos decidían omitir en beneficio de sus patrocinadores. Navegar entre datos y testimonios para sacar a la luz casos de corrupción de grandes corporaciones y gobiernos se convirtió en algo cotidiano. Periodismo de investigación y escasa remuneración lo llamaba, pero sentía que había nacido para esto. En alguna ocasión volvió a revisar la noticia que le había conducido hasta su actual trabajo, pero no logró encontrar ninguna conexión adicional que sirviese para comprender mejor la muerte de Renik. El expediente de aquel suceso quedó archivado entre otra ingente cantidad de datos digitales, y tuvo que aceptar a regañadientes que precisamente el caso que había cambiado su modo de vida resultó ser el de menor importancia mediática, sin más trascendencia que la esquela de un anónimo en el informativo. De modo que no pudo evitar que una sombra de inquietud nublara su ánimo, cuando ahora, cuatro años más tarde, ese nombre volvía a aparecer en su vida exigiendo su atención. Caminó hasta el cristal de la carlinga para tener una panorámica del exterior, donde el otro tripulante de la Drake Herald manipulaba los controles para orientar la nave hacia la entrada del hangar, poco más que una oscura boca señalizada por dos balizas intermitentes en la cara de un asteroide. - Este es un lugar para delincuentes… él es un delincuente… - Ashley observó a Flint con atención, ya que no era la primera vez que su piloto lo mencionaba. Se trataba del nuevo fichaje de la compañía, un joven piloto que ya había atesorado en su expediente sus primeras cien horas de vuelo mercantil, pero que nunca se había visto expuesto a este tipo de situaciones. Ashley dudó, y no por primera vez, si la inexperiencia de su piloto en este tipo de entornos podía poner en peligro el trabajo... Flint se refería por supuesto a la información que conocían sobre Vandred, el confidente. Desde un primer momento supuso que “Vandred” tan solo era un pseudónimo, una palabra que servía a alguien de máscara con la que proteger su identidad, por lo si quería conocer más información sobre su confidente debía emplearse a fondo … Debido a la naturaleza persistente de la red de redes, este pseudónimo quedaría enredado en el espacio y el tiempo, coexistiendo con otra ingente cantidad de datos digitales semejantes que convertiría la tarea de desvelar la identidad de quien se resguardaba tras ese apodo en una tarea titánica, o, más probablemente, en un reto completamente fuera de su alcance, de modo que descartó rápidamente esa posibilidad y decidió explorar otras alternativas… Una de ellas, fue la de solicitar que los técnicos forenses echaran un vistazo al mensaje electrónico en el que había sido citada, por si podían encontrar alguna pista. Y sorprendemente hubo premio. Tras desencriptar los metadatos sus colegas no dieron crédito a la extraña anomalía que encontraron. Por explicarlo de forma sencilla: prácticamente la totalidad de los mensajes que viajan por la red son fragmentados en paquetes más pequeños para facilitar el envío y son lanzados inmediatamente por toda la galaxia a través de los relés de comunicaciones hasta su destino, donde se vuelven a ensamblar para reconstruir su información original. La particularidad residía en que los fragmentos de este mensaje habían sido enviados en algunos casos con una diferencia horaria de más de 46 horas y desde distintas coordenadas de la galaxia; desde Vega hasta Helios, pasando por otros tres sistemas diferentes. Estos paquetes se almacenaron en un relé de comunicaciones privado hasta que el mensaje estuvo completo (218 horas más tarde desde la recepción del primer paquete de información) y le fuera entregado por vía segura. Su primera hipótesis fue que, de alguna manera, varios individuos compinchados desde distintos sistemas habían enviado los fragmentos del mensaje para dificultar su rastro. Sin embargo resultó ser justo lo contrario. Tras muchísimas dosis de cafeína cotejando la hora y los puntos de la galaxia desde los que habían sido enviados los fragmentos del mensaje, encontró el verdadero sentido que subyacía en ellos. Los puntos revelaban una ruta de navegación entre sistemas que coincidía con el rumbo elegido por un conjunto de naves que durante los últimos años estaba levantando mucha controversia en los informativos y que comúnmente se les denominaba “La Flota Nómada”. Si se cree a pies juntillas la versión oficial de la UEE, ésta caravana nómada no es más que un grupo de delincuentes que sin bandera ni puerto viajan por los sistemas ofreciendo cobijo a todos aquellos de su ralea. Sin embargo, otras versiones identifican a la flota como un punto neutral en mitad del cosmos al que cualquier activista o refugiado puede entregarse en busca de asilo, tanto si es perseguido por piratas como por la misma UEE. Tal y como sucede en este tipo de casos, la historia y el mito se funden en la red para crear una insoluble maraña de medias verdades muy difícil de desvelar. Por algún lugar se rumorea que muchos de sus integrantes han tenido (o tienen) problemas con la ley, y que el principal método que usa la Flota Nómada para autoabastecerse es el del tráfico de mercancía de contrabando y el reciclaje espacial. Por experiencia sabía que no podía conceder verdadera importancia a todos aquellos rumores, y que lo mejor que podía hacer cualquier periodista de investigación es no dar nada por sentado pero estar preparada para todo, de modo que realizó algunas averiguaciones más objetivas y decidió buscar en otro tipo de registros oficiales. Fue de esa forma como conoció algo más acerca de la Flota Nómada. Tirando de contactos que habían tenido relación con esta flotilla y cobrando algunos favores por fin pudo obtener una referencia más o menos cercana de la identidad de Vandred: gozaba del “honor” de ser uno de los fundadores de ese grupo de forajidos.